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Cover 900 MILLAS

900 MILLAS

Una novela de suspense sobre zombis, thriller de terror

von S. Johnathan Davis; Übersetzt von: Juan Manuel Baquero Vázquez

Erschienen 2017 bei Luzifer Verlag
Sprache: Espanol
300 Seiten
ISBN 978-3-95835-252-0

Kurztext / Annotation

¡El superventas de zombis en EE. UU.!

John es un asesino, pero no siempre lo fue. Antes del apocalipsis era un hombre de negocios.
Cuando los muertos empiezan a levantarse de repente, John se encuentra en Nueva York, lugar desde donde emprende una horripilante carrera de 900 millas (aprox. 1.500 km) contrarreloj para intentar llegar hasta su esposa.
John no tarda en darse cuenta de que los zombis son el menor de sus problemas, y experimenta de primera mano los horrores difundidos por el hombre cuando desaparecen todas las normas; cuando los negocios viles y atroces no tienen ninguna consecuencia y la muerte se hace omnipresente.
John se alían con Kyle, un expiloto del ejército estadounidense, con quien huye de la ciudad de Nueva York. En su huida, los dos se encuentran con un hombre que afirma tener la llave de una fortaleza subterránea llamada Avalon...
¿Conseguirán ponerse a salvo los dos? ¿Conseguirán llegar hasta la esposa de John antes de que sea demasiado tarde? Prepárate para acompañar a John y a Kyle en este apasionante libro sobre zombis.

Se puede escribir una muy buena novela sobre zombis o no. El señor Davis lo hace, y lo hace muy bien. Absolutamente recomendable [Sookie]

S. Johnathan Davis vive con su mujer y sus dos hijos en Atlanta, Georgia (EE. UU.). Para más información, visita la página: zombiebook.net (en inglés).

Textauszug

Capítulo I

La vida solía ser bastante dura. Pensábamos que las cosas nos iban mal cuando no conseguíamos el trabajo que queríamos o nos cabreábamos con los políticos porque hacían leyes que no tenían importancia. Nos entristecíamos cuando el empleado de la cafetería se cargaba nuestro café "Venti" o cuando se cancelaba nuestro programa de TV favorito. Avanzábamos por inercia; labores mundanas para un mundo mundano. ¿Qué rayos sabíamos? Solo estábamos pidiendo que se terminase.

Me encontraba en otra reunión, rodeado por diez de las personas más indebidamente retribuidas e inútiles del planeta. Miré hacia abajo y, después de fijarme en el lento movimiento del segundero del reloj que había sobre la puerta, observé con asco cómo mi jefe devoraba otro pastelito de hojaldre glaseado. Fue entonces cuando apareció el primer mensaje.

Ninguna de esas personas llegaría a lo más alto, eso estaba claro. Aunque tenían unos Hummers carísimos y llevaban trajes de mil dólares, jamás tuvieron la oportunidad. Yo no fui siempre tan cínico; tenía el trabajo y el dinero. No conducía ningún Hummer, pero vestía un traje extremadamente bonito y me mantenía ocupado trabajando para llegar hasta la cima de la montaña corporativa.

"Tienes por delante unos tiempos grandiosos", solían decirme. Una incipiente estrella... pero nada de esto importaba.

Cuando apareció el mensaje, creía que se trataba de una broma. Todos nos miramos entre nosotros por un instante antes de soltar una carcajada cuando Josh, que estaba frente a mí, lo leyó en voz alta. Increíble, ¿no? El mensaje apareció como una alerta de la CNN en el teléfono inteligente de doscientos dólares de Josh.

Decía: " LOS MUERTOS SE LEVANTAN: QUÉDENSE EN CASA Y PONGAN LA TV ".

Mi jefe se puso de pie; de la corbata se le desprendieron algunas migajas del pastelito de hojaldre. Luego empezó a dar tumbos y traspiés por la habitación con las manos en alto; entre gemidos y lamentos, decía que quería comerse los sesos de Josh.

-Vienen a por ti, Barbara. -Bromeó Josh haciendo una burda referencia a La noche de los muertos vivientes de Romero. Todo el grupo se estaba riendo, pero no era tan divertido.

Seguir al rebaño significaría nuestra propia muerte.

Josh me miró y dijo: "John, ¿puedes transmitir vídeos desde dentro del cortafuegos de la empresa?". Como sí podía hacerlo, me metí en CNN.com ignorando el hecho de que mi jefe estaba justo allí. ¿Por qué nos lo estamos tomando tan en serio?, pensé yo. La página web tardó un poco en aparecer. De hecho, tardó un buen rato. Después, escribí yahoo.com en el navegador web, que mostraba las típicas historietas mediáticas referentes a famosos, los deportes y las finanzas. No se decía nada de que los muertos se estuviesen levantando.

Llegamos a la conclusión de que habían pirateado la CNN, y el grupo soltó una fuerte carcajada por todo lo que estaba pasando.

Sin embargo, yo no me reí. No podía quitarme de la cabeza la pelea que había tenido por la mañana. "A 900 millas de distancia de tus problemas", me había dicho ella. A decir verdad, yo odiaba estas reuniones y odiaba aún más volar. Supongo que ya no tendría que preocuparme por eso nunca más y solo esperaba poder tener la oportunidad de disculparme.

Finalmente, dimos la reunión por concluida; hacía tiempo que nos habíamos olvidado del mensaje de alerta. Al salir de la sala de reuniones, noté una energía de preocupación en el ambiente, pero no sabía exactamente a qué se debía. La típica sensación de coma silencioso que era la tónica general en la oficina parecía haberse... bueno, roto. Había movimiento por todos lados; la gente estaba recogiendo los portátiles, las chaquetas y los bolsos de camino hacia los ascensores.

Yo me eché hacia adelante para escuchar a algunos empleados de mensajería que se habían apiñado alrededor del cubículo de oficina de alg

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